Este pretende ser un pequeño homenaje a tres personas. Mario por enseñarme a volar, Juan Carlos por guiarme en mi progresión y ejercer de ave que lleva a su pollito, y a Susana por su apoyo, ánimos y comprensión.
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Mi primer vuelo de cross... |
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Tengo la impresión de que se cierra un periodo, que para mi ha sido realmente satisfactorio, sin embargo me encuentro interiormente triste y algo desolado por el largo invierno que nos espera. La temporada 2005 y mi primera temporada en el mundo del vuelo en parapente está a punto de llegar a su fin. Hace exactamente 6 meses, daba mis primeros vuelos de altura en parapente. Mario, mi profesor y Juan Carlos mi gran padrino de vuelo, me han inyectado en vena la más dura droga que puede soportar mi cuerpo. Desde aquel entonces, he intentado no perderme nada de lo que pasaba alrededor, ávido de aprender y de absorber todos los conocimientos que de los que me rodean, se desprenden. Ahora cada vuelo es un momento no solo de placer, sino de empaparse de sensaciones, en las que llego a pensar que huelo, lamo, oigo y saboreo. Soy parte del aire que me rodea y me traspasa por todos los poros. Con estas sensaciones tan a flor de piel y temiendo que el buen tiempo se acabe de pronto y me deje anclado a la tierra, intento aprovechar el periodo otoñar que nos toca vivir. Por ello, cada rato libre, cada tarde, cada fin de semana trato de seguir acercándome a mi nueva pasión. No se cómo voy a pasar este invierno, pero me da tanto miedo..., que prefiero no pensarlo. Para paliar este temor, trataré de acordarme del vuelo que os paso a relatar. Era el último viernes del mes de septiembre, un día soleado. Estaba trabajando por la mañana y tratando de sacar las previsiones para este día y para el fin de semana que se avecinaba. Quedé con Kike Nava de subir a La Vecilla a intentar dar un vuelín. Salí pronto de León, para llegar a la Vecilla alrededor de las 16:30. Allí estaba Kike como un clavo. También estaba el coche de nuestro compañero Jesús “el minero”, pero no daba señales de vida. Le llamé al móvil, pero no contestaba. Decidimos entonces no perder más tiempo y nos encaminamos en el Suzuki de Kike pista arriba. Observábamos de camino cómo estaba el día, parecía estar muy estable y orientado de Sur, con una brisa perfecta para salir. Al llegar al despegue de Sur, comprobamos muy animados que la manga estaba orientada, y que la intensidad del viento era la perfecta para salir de éste despegue. Al bajar del coche me pareció oír un rumor de voces en la lejanía (estaré volviéndome loco). Pero no, no estoy loco, lo vuelvo a oír, proviene del despegue de Oeste, me asomo y veo el coche de Mario (mi maestro), estaba con Jesús esperando a ver si se definía un poco porque algún rato se cruzaba de Oeste. Nos vamos para allí con ellos, esperamos un ratito, comentamos que el día parece que está bueno, y finalmente decidimos volver al despegue de Sur, porque la manga se mantiene la mayor parte del tiempo en esta orientación. Hoy tengo ganas de volar, y de aprovechar esos rayos de sol, que provocan la subida de rachas térmicas del valle. A ver si en el aire se mantienen y me permiten girar para subir algo. Sería la tercera vez que intento subir en térmicas. La primera vez, para llegar al campo de fútbol de Boñar, la segunda vez en Gistredo, ¿será hoy la tercera? Estoy en el despegue, hoy voy a hacer de wind dummy, me he preparado y revisado, la adrenalina corre ya por mis venas, poniendo todos mis sentidos en alerta, quizás están empezando a activarse para saborear las sensaciones de adicción que me provoca el volar en parapente. Está un poco cruzado de Sur Oeste, espero no haberme equivocado al elegir el despegue, pero una buena racha de sur me pide levantar y salir a volar. Ya estoy en el aire, colocando todo mi organismo en mente y alma para disfrutar este momento. Sin embargo parece que hoy no es el día, llevo varios días pinchando estrepitosamente y dando un planeo hasta el aterrizaje sin tiempo ni si quiera a absorber mi dosis. Una gran descendencia me hace pensar que estoy algo sotaventado, ¿se habrá cruzado ya de Noroeste?, se lo indico a mis amigos por radio para que por si acaso lo vigilen. Mientras intento buscar algo de actividad de camino a mi irremediable aterrizaje. Voy hacia el Oeste para salir de la influencia del Pico Muelas, sin embargo he perdido mucha altura, para intentar apoyarme en su hombro Oeste. La descendencia además sigue bajándome demasiado. Intento ir al Venturi del despegue Sur, porque hay veces que tira algo, permitiendo hacer un apoyo y llegar al pinar de la falda y así poder llegar al aterrizaje con altura suficiente. El Venturi tampoco tira, estoy seriamente comprometido y pensando que no voy a llegar al aterrizaje, creo que voy a tener que buscar el camino de acceso al despegue e improvisar un aterrizaje de emergencia. Cuando voy a buscar una senda de planeo al camino, siento que mi vela se carga de presión, ¿serán las burbujas que de vez en cuando se sueltan por el camino?, a lo mejor me ayudan a ir haciendo “ladera” y me permiten llegar al aterrizaje oficial. Sin embargo, creo que es algo más que esas burbujas, voy a intentar girarlo, en un +0,3 turbulento, comienzo a buscar el núcleo de la ascendencia. Casi siento esa masa de aire caliente por debajo de mi casco, he de concentrarme en el intento. Así voy girando poco a poco y aguantando turbulencias que a veces hacen crujir a mi magnífica Golden. Sigo notando la ascendencia y mi vario va aumentando la frecuencia para convertirse en + 2, cuando llego a la altura del despegue. Joer, pienso... lo he conseguido, he sido capaz de remontar desde 50 m. del suelo, hasta el despegue, y la térmica parece seguir funcionando, derivando de Oeste hacia el Pico Cueto. Sigue aumentando, + 3, + 4 y ya estoy a más de 900 m de donde comencé a subir. Estoy en el techo, he conseguido subir a 2400m. sobre el nivel del mar. En una capa en la que el viento suena con más fuerza y veo que domina el Noroeste. Nunca he estado tan alto, nunca he subido en una térmica girando de este modo, me siento extraño, con una mezcla de nervios, de emoción y de miedo a lo desconocido. En esta capa, el aire parece que va y viene en rachas discontinuas, sin embargo está flotón, pierdo altura, pero al momento el vario vuelve a pitar, y me sube otra vez hasta donde estaba, a nada que lo intente. Estas subidas suelen coincidir con crujidos de la vela, que me ponen un poco nervioso. Estoy solo, estoy feliz, pero estoy atemorizado para ser sincero. Aquí echo de menos a mi gran amigo Juan Carlos, él sabría exactamente qué hacer y cómo afrontar la situación. Pero no está y yo tengo que decidir si quedarme a luchar contra mi propio miedo y las cizalladuras, o comenzar a pensar en aterrizar. La deriva de la térmica me deja entre Boñar y el Pico Cueto, desde donde estoy me permito recrearme un poco viendo los valles hacia todos los puntos cardinales, todo lo que hay alrededor está por debajo de mis pies. Hacia el Norte veo hasta el puerto de Vegarada, Al Noreste, veo el Pantano del Porma, el Susarón y más al Este el Cordal que va a Sotillos y al fondo el Espigüete. Al Sureste veo la Devesa de Boñar y el valle que baja por la cuenca del río Porma hacia León. Al Sur el monte que lleva hacia Lugán y que divide el valle del Porma del valle del Curueño, con la Cándana a tiro de piedra. Y hacia el Oeste Peña Galicia y atrás el Correcillas. La térmica de La Robla me da un poco de tranquilidad, al ver que en ese valle está aun de Sur, cuando se pone de Norte, suele llegar de golpe a La Vecilla. No se por qué me preocupo de esto, si hoy estoy muy por encima del pico, no hay sotavento posible a esta altura. La Robla dice Sur, pero arriba está claramente de Noroeste, en un momento de “locura”, me digo, tienes la Devesa de Boñar a la vista, desde arriba parece estar ahí mismo, tienes el viento en cola para llegar. Conoces el aterrizaje y por el medio hay campos más que de sobra. ¿Lo intentas?, ya has experimentado qué se siente al ir del Pico Muelas al campo de fútbol de Boñar. ¿Recuerdas esa sensación? “Aquí Roberto, compañeros voy a intentar llegar a la Devesa, me podéis hacer la recogida?”. Contesta Kike como un rayo, “por supuesto, yo voy”. Su vuelo se quedó en una lucha contra la ascendencia turbulenta, y no pudo remontar finalmente. Del mismo modo les fue a mis compañeros Jesús y Mario. La emoción me invade, la meta del día ya estaba cumplida y era luchar para intentar subir en una térmica, y eso había salido bien. No me puedo creer que en la poca experiencia que yo tengo, me esté planteando hacer un vuelo de cross. Me dirijo viento en cola al Sureste, en dirección hacia Boñar, estoy casi encima del pueblo, más o menos a la altura de la mina de talco del cruce de la carretera de Boñar y de Cistierna. No he perdido mucha altura, puedo ver la piscina, el campo de fútbol, que tan buenos recuerdos me trae. Intentaré sacar unas fotos, pero Murphi nunca falla. No tengo pila en la cámara. Voy a empezar a encarar hacia el Sur, aquí está entrando el viento del valle, ya no está de Noroeste, interiormente pienso, creo que voy a perder mucha altura en estas condiciones, pero Kike me indica que me apoye sobre el vertedero de basura, que allí se suelta siempre algo. Hoy no ha sido el día, todo lo que podía haber ganado ya lo hice en el Pico Muelas, por lo que emprendo un planeo final hacia la ladera que comienza en La Losilla y lleva hasta la Devesa de Boñar. Llego a la altura de la Losilla, pero cada vez más cerca del suelo, localizo pasado el pueblo un campo para hacer el aterrizaje, y me dirijo allí. Tiene una aproximación delicada porque hay que superar el hombro oeste del cordal y antes hay una cárcava con un prado verde, rodeado de chopos, como no lo pase, menudo marrón. Se ha soltado algo de los tejados del pueblo, y con un cero, me da para pasar a la ladera, hacer la aproximación bajando por la misma como si fuera un vuelo de escuela y tomo de sur en el campo que me fijé como objetivo. Me posa andando, casi parado para premiar un vuelo que nunca habría pensado en hacer tan pronto. Las únicas dudas que me saltaron en el vuelo y aun hoy sigo pensando, es ¿y si en vez de dirigirme a La Losilla me hubiese apoyado en el repetidor de Boñar para ir en dirección a Sabero? ¿Habría llegado más lejos? Son preguntas que hoy quedan en la anécdota y yo mismo me contesto. Qué más quieres Roberto, siéntete afortunado, vuelas en parapente, has conocido gente nueva, has visitado muchas zonas de vuelo, pero lo mejor de todo es que lo disfrutas con salud y con unos compañeros de vuelo inmejorables. Gracias a todos mis compañeros de club por sus magistrales lecciones y por su apoyo, en especial a Mario por enseñarme a volar, a Juan Carlos por apoyarme incondicionalmente y aconsejarme, y a Kike porque siempre está ahí. Otro recuerdo especial es para un amigo Asturiano, Dimas que siempre me escucha y anima. Pero el recuerdo especial permitidme que sea para mi mujer, Susana por haberme permitido realizar mi sueño, pese a sus experiencias. Fdo. Un pichón
Os lo dedico.
Datos del vuelo.
Piloto:Roberto López Mato Vela:Gradient Golden 28 Fecha:30/09/2005 Hora:17:30 h Duración:45 min. Despegue:Pico Muelas (La Vecilla – León) Aterrizaje:La Losilla (Boñar – León) Distancia:7,8 Km
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