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Es la tercera edición consecutiva que sigo el Festival de Orduña. Desde la primera ocasión que fui, me quedé enamorado de esta zona de vuelo. Prometí no perdérmelo nunca, salvo cuestiones de fuerza mayor y después de tres, no he cambiado ni de opinión, ni de sentimientos.
La zona de vuelo es espectacular, el paisaje es relajante y francamente bonito, pero lo que más me admira es la organización. El trato humano que nos han dispensado siempre los compañeros de UNAF, es de agradecer y sobre todo de reconocer.
Tienen una capacidad de trabajo y de sacrificio tremendo, y un compromiso en la organización que roza lo espartano. Desde mi punto de vista es para elogiar. Oscar Atillo, acompañado por María Mentxaka, al frente de la organización han hecho que todos pasemos un fin de semana magnífico. Poka, Iker, Sergio, las chicas que me disculpen por no saber sus nombres, no paran de hacer remontes, poner consumiciones en el bar, dar biplazas, ayudar en el despegue, y todo con una sonrisa de oreja a oreja. Son increíbles. |
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Viernes
Nada más llegar, nos acercamos al despegue y vemos ya varios parapentes volando. No podían ser más que Robert Jiménez y Leo, de la Rioja. Además de ellos dos, se encontraba el compañero de Oscar Atillo en el equipo Sincro de Acrobacia. Sacamos los parapentes, y disparados por la ladera arriba a ver si volábamos. Llegamos al despegue temiendo lo peor, hay mucha gente mirando sin salir a volar, qué raro….
Efectivamente al acercarnos a medir en el borde, picos de 40 Km/h. Qué pena y sin embargo el resto están volando fuera tan tranquilos. De repente de media ladera despegan varios parapentes. Yo ya no me aguanto más y preparo arriba mi equipo y bajo al "tendedero". Allí la fuerza del viento es moderadamente alta, así que después de un primer intento salgo a volar.
Al poco rato, comienzan Raúl Rodríguez, Félix, y el resto del equipo SAT a hacer de las suyas, y yo sentado en un palco privilegiado, viéndoles desde el aire como si estuviese en un balcón. ESTO PROMETE.
Después de un rato volando y disfrutando de esta peazo ladera, decido que ya está bien por hoy, puesto que mis acompañantes están en el despegue, y tenemos que ir al hotel a inscribirnos y asentarnos, así que unas barrenitas imitando a los SAT y para la campa de aterrizaje.
Casi no he tomado y mi compi Kike Nava, llega con el coche. Recogemos y para el Balneario de Orduña. Llegamos y tras los correspondientes saludos a los compañeros y a la organización, encontramos a Robert y Elena que también ha bajado del despegue. Llega José Manuel Álvarez y su mujer. Quedamos para una cenita en el Balneario muy tranquila y sosegada. Después nos juntamos con el resto de la "peña" de la "tapadera" y tomamos una copita y nos acostamos temprano.
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Sábado
Un buen desayuno en el Balneario pone el inicio de una jornada espectacular de vuelo, con plegada asimétrica cerca del suelo incorporada en el desayuno al romper la silla en la que me iba a sentar. Qué ridículo, pero me ha hecho mucha gracia. Hay que ponerse a dieta, esta es la señal ;))))
Subimos al despegue de los primeros y vamos tomando sitio en las colas, la gente va despegando y las condiciones del día mejoran poco a poco. Pronto estamos en el aire, y haciendo ladera con bastante termiquilla. Cada vez va habiendo más gente en el aire. Alguien comentó después que se llegaron a contabilizar más de 100 parapentes volando al unísono.
Al principio, aun con un poco de estrés algunas veces, aguanté el tipo allí entre todos, pero como las térmicas aumentaban de potencia y tiraba por todos los sitios, decido cruzar a la Virgen, después de dos intentonas fallidas, lo consigo e inicio un cross mágico.
A media ladera justo después de pasar la virgen y en solitario veo a lo lejos un parapente que viene en dirección contraria y poco más alto que yo. Ondia, parece una nova azul y roja, OOOOOOOOsssssssssssskaaaaaaaaaaaarrrrrr. No me lo puedo creer es Oskar Bierzo, que vuelve de hacerse toda la ladera al puerto de Angulo. Osti, Roberto a dónde vas. - Tiro a ver si hago toda la ladera. - Está chulísima, dice Oskar, hay buitres por todos los sitios y funciona muy bien. Me voy a comer, sigue diciendo. ¿Has comido ya?. - No le contesto, comeré más tarde, a ver si llego al Puerto. Increíble, de todo el mogollón de gente que hay volando, voy a encontrarme con super Oskar. Y encima nos ponemos a charlar en vuelo a voces, girando en un cero.
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Continúo la ladera en dirección Oeste, y llego al apoyo que hay que hacer antes de pasar al monte Tologorri. Desde aquí antes de remontar acompañado por muchísimos buitres, vero que en la cima del pico hay gente. Me tiro en la transición después de girar un +7, pero aun así llego bajísimo al apoyo de la falda. En dinámico y rascando la ladera voy remontando poco a poco hasta llegar a su base de caliza. Allí empiezan ya a entrar rachas térmicas y me sube en ascensor haciendo un par de ochos, hasta ponerme por encima del pico.
Me permito el lujo de conversar con los montañeros. -Vaya día tan guapo eh?. - Si, está muy bueno, me dicen, ¿y tú como lo ves desde ahí arriba?, ¿nos llevas?. - Si pudiera ahora mismo os recogía, - les contesto. Venga, tened un buen día de montaña y disfrutad el paisaje. Me despido y continúo haciendo la travesía por la Sierra Salvada.
Hay otra transición delicada en otro teto, antes de llegar al puerto de Angulo. Repito la estrategia que me funcionó en el Tologorrí, y de nuevo funciona. Llegué bajo, pero la ladera, nada más apoyarse funciona bien, y remonto de nuevo hasta arriba. Continúo la travesía hasta dar vista al puerto y allí disfruto de nuevo con los buitres y las vistas.
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Es hora de intentar la vuelta, pero cometo un error. La brisa llega un poco del Nordeste y ahora voy con el viento de cara, y al dibujar el relieve de la ladera, me quedo un poco sotaventado. Pierdo toda la altura de seguridad y estoy demasiado bajo como para rascar mucho. Si no remonto igual no llego a unos campos segados al pié del bosque de la Sierra Salvada.
Decido poner fin al vuelo en un amplio campo donde pastan unas vacas y un buen rebaño de ovejas, justo al lado de un pueblo llamado Salmantón.
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Un lugareño le dice a su esposa, mira… un montañero, ¿vienes de la sierra Salvada y ¿no te han comido los lobos?. Dije sorprendido, no me diga que hay lobos, y me contesta, está plagado. Pensé para mi qué suerte, y le contesté vengo volando en parapente y no por el bosque. El hombre miraba atónito la mochila y dice, lo llevas ahí dentro?, y le dije que si. Y desde dónde vienes, y cuando le dije de Orduña, el tío alucinaba. Pero yo aun alucinaba más del pedazo vuelo que me había dado.
Me recoge Susana en un pispás y me trae el bocata y agua. Eran las 5 de la tarde y aun no había comido. Volvemos a la campa del aterrizaje donde aun seguía el cielo teñido de colores.
La cena del sábado fue el broche final a un día genial. Disfrutamos de la buena comida y bebida. Por supuesto con la compañía, y el ambiente relajado. Luego comenzaron los sorteos, y nuestro compañero y amigo José Manuel ganó el concurso de fotografía.
Después unas copitas y a dormir, para estar descansados para el Domingo.
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Domingo.
El día no está nada bueno, desde primera hora de la mañana, el Foënh cae por la ladera dejando ver que arriba está de atrás y con bastante caña de viento. Va pasando la mañana y el sol va deshaciendo la nube, pero aun avisan que está de atrás.
Algunos decidimos subir a ver si se pone. La previsión dice que a lo mejor el valle se calienta y puede con la brisa de sur, con la que hemos amanecido. Mucha gente desespera y comienza a irse de vuelta a sus lugares de origen. O como otros que se van a Sopelana, puesto que allí entra de Norte.
Los pacientes tuvimos suerte a mediodía y nuestra espera se vio recompensada. La manga comenzaba a orientarse. Aprovecharon los SAT para despegar y hacer una sesión de ACRO sobre la campa. Salió Félix Rodríguez con una vela de 10 m. A una velocidad increíble.
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A los 5 minutos, comenzábamos unos cuantos afortunados a despegar nuevamente. Sin embargo, estaba un día potente, y se desarrollaron demasiado las nubes. Había ascendencias muy fuertes y algo turbulentas, pero pudimos volar. Luego se metió bastante ventarrón, y decidimos aterrizar.
Volamos los tres días, lo pasamos genial, hicimos cross, charlamos, comimos, bebimos y nos relajamos.
Volvimos de Orduña con un recuerdo placentero y pasados unos cuantos días podemos afirmar que, como dicen los gallegos, TENEMOS MORRIÑA. Yo quiero volver a un Festival irrepetible.
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